viernes, 27 de febrero de 2015

BITÁCORA 5: 3 DÍA TALLERES CAS FEBRERO 2015

BITÁCORA 5: 3 DÍA DE TALLERES CAS

Últimas horas.

Sentía como si el tiempo hubiera pasado demasiado rápido y como si yo no hubiera estado presente, no del todo al menos. Suelo tener ese sentimiento cuando acaba un año escolar o las vacaciones o un viaje o incluso un buen día, es extraño. Esta vez tenía la sensación de haber trabajado pero sin haberme dado cuenta de cuánto o cómo o qué había hecho. Ello no quería decir que hubiera sido indiferente durante todo el proyecto o que no hubiera trabajado lo suficiente sino que…había sido una experiencia del todo nueva que hubiera querido dure más.

Empezamos el día. ¿Los post-it? Nadie los había hecho, se les ocurrió la brillante idea de pegar papeles de colores en las puertas. No iban a verlos, los profesores entraban rápido y salían sin ver nada más que la comida pero nadie quería escribir 300 post-it.

Camila Swayne y yo nos encontrábamos en apuros, queríamos escribir los mensajes pero no teníamos materiales. Conseguimos dos plumones negros y pedimos a un profesor los post-it. Analizamos cuales era los salones con menos probabilidad de ver los paneles, creímos que los del primer piso los verían de todos modos al pasar por allí (quizá nos equivocamos pero tampoco era que tuviésemos todos los materiales necesarios) y decidimos que los del segundo piso tendrían menos probabilidades de ver los paneles, escogimos salones específicos y nos pusimos a escribir. Trabajar en colaboración con otras personas también podía ser divertido.

En hojas grandes de papel entregábamos el mensaje a los talleristas, después de todo con ellos la formalidad debía ser mayor y entregar algo que llamase su atención era vital pues con los talleres que dictaban podían olvidarse del mensaje escrito. A los participantes les escribimos en post-it el mensaje. Tuvimos que ser rápidas e interrumpir el primer minuto de la última clase a la que entramos, suerte que era el salón de psicología y todos parecían deseosos de saber qué decían los benditos papeles.

Tuve que mover las hojas de colores de donde las habían pegado ya que no era un sitio muy llamativo aunque de igual forma no creía que les fueran a prestar atención. Había mucho más que hacer pero a falta de post-it nos quedamos en los salones del segundo piso, yo por mi parte hice una escalerita pegada en la puerta para motivar a los profesores de mi salón a ver los paneles, quizá funcionó, quizá no… hubiera deseado que los profesores no tuvieran tanta hambre en los breaks.

No tuvimos mucho más trabajo nos manteníamos rondando los salones o en la biblioteca y es que el calor era infernal. Hubo un momento en el que el Profesor Guillermo nos llamó para pedirnos que interrumpamos las clases para decirles a los talleristas que a las 12 tenían que ir a las escaleras en frente de la capilla para la foto. ¡Grandioso! Yo no tenía el coraje ni la falta de educación para interrumpirlos y me quedé sentada esperando el momento oportuno, una actividad grupal o algo por el estilo, no se daba la ocasión y empezaba a impacientarme. Puede que para otras personas resulte de lo más fácil interrumpir o hablar directamente pero por más ridículo que suene para mí lo encargado era un reto.

Es curioso como para algunos resulta tan fácil algo que para mí es difícil y viceversa, en este caso no me era sencillo, como debía serlo, expresarme libremente con personas que apenas conozco (por más locuaz que pueda parecer una vez que entro en confianza). Así que sí, era un reto para mí y estuve tentada a pedirle a Carlos o Sebastián que lo hicieran pero decidí emprender el desafío de todas formas, aunque eso significase quedarme sentada esperando todo el taller.

Menudo reto.

Sin embargo, el momento llegó finalmente, Armando Andrade se paró en la puerta mientras Miss Kat  hablaba. Llamé su atención y dije lo que se suponía debía decir y que por favor se lo comunicase a Miss Kat, me sentía útil y feliz de haber cumplido mi cometido, había vivido experiencias CAS gracias a ello.

Volví a la biblioteca, odio el calor y no podía haber sido más horroroso aquel día.

Las 12 p.m.

Era hora de dirigirnos a los salones y hacerles recordar a los talleristas lo que debían hacer. Los míos fueron casi inmediatamente, aunque Miss Kat se quedó conversando un rato más con sus alumnos, parecía una de esas profesoras de la que no es fácil despedirse. Mientras yo iba hacia la capilla a acompañar veía las despedidas de los participantes, intercambiaban correos, números telefónicos, planeaba reuniones…Sí, todo me habrían parecido tan cursi y tonto tres días atrás pero por alguna mágica e incompresible razón sentía que su razón para hacerlo no podía ser tan vacía después de todo.

Habíamos trabajado nuevamente en un tema de importancia global. Lástima que ya estaba por acabar, los alumnos veíamos como se tomaban la foto los talleristas, todos sonreían algunos posaban y Armando Andrade hacía sus extravagancias típicas. Quizá los recordaría un poco más de tiempo del que esperaba.

Por primera vez vi a Fray Elías sonreír en una foto,  sentí que debía recalcarlo, ese día estaba siendo de lo más memorable.

Alguien tuvo la magnífica idea de hacernos parar en la escalinata para una foto y alguien más tuvo aún una mejor idea: llamar a los talleristas quienes con recelo o con extrema soltura se situaron a nuestro lado, supuse que sería una foto muy…divertida a su manera. No tuve a mis talleristas cerca pero podía verlos; sonreían, así que yo sonreí también, es el protocolo de toda foto ¿verdad? Termine aquel día con el sentimiento haber puesto mucha perseverancia y compromiso personal en ese proyecto. Sí que estaba siendo un día de lo más memorablemente sentimental pero… ¡Que importaba! Ya era hora de ir dejando de ser tan crítica.

Supuse que recibiríamos elogios, me pareció que el esfuerzo de todos lo merecía, no me equivoque. 

Valeria Mariño Ordaya, alumna IB (parte de los talleres de capacitación de febrero).
Lima, Feb. 2015

Colegio San Agustín
[FOTO DE LOS TALLERISTAS]

[ NOSOTROS]

[ FELICITACIONES DE UNO DE LOS TALLERISTAS]

[ MÁS MENSAJES DE APOYO A NUESTRO TRABAJO]
[ PRIMERA FELICITACIÓN POR PARTE DEL PROFESOR ALBERTO POOL]

jueves, 26 de febrero de 2015

BITÁCORA 4: 2 DÍA DE TALLERES CAS FEB. 2015

BITÁCORA 4: 2 DÍA DE TALLERES CAS FEBRERO 2015
El segundo día se inició con muchas expectativas, más que las del primer día creo yo.
No fueron necesarias las indicaciones aquel día, ya todos sabíamos qué hacer. Nos dirigimos a nuestros salones, prendimos los proyectores y en el caso de mi salón fueron necesarias más hojas. Me sentía culpable por no haber estado el día anterior tanto como yo hubiera querido por eso estuve preguntando constantemente si necesitaban algo más.
Me sentía un poco más servicial y útil que el día anterior.
Media hora después rondaba por el segundo piso pues mi salón ya estaba instalado y la clase había comenzado. A la volada me querían encargar el panel de St. George aludiendo a que me lo habían dicho por facebook Messenger y que se suponía que debería haber traído los materiales…a las 11 de la noche se me envió dicho mensaje aproximadamente, hora en la cual yo ya estaba durmiendo plácidamente en mi cama. Así que les dije que esa no era mi responsabilidad directa pero que si era necesario podría hacerlo.
No hubo respuesta.
Deje mi maletita en una esquina (luego no la encontraría y me desesperaría, pero en ese momento creía que estaba segura allí) y me dirigí al panel de 4°F.
Estaba bastante improvisado y no llegaba a reflejar realmente el trabajo de un año de los chicos que se esforzaron en el curso de comprensión lectora en Llanavilla. Manos a la obra.
 Con todos los plumones que conseguimos intenté darle un matiz más ameno al panel, luego llegaron las fotos tamaño A4 que lo hacían más llamativo aún. Escribí os nombres de la sobras que habían realizado, un avión volando en honor al aviador del principito (avioncito de papel hecho a mano por Carlos), una espada y un garfio representando a Peter Pan (Dibujado por Santiago), una gran melena dorada para el Mago de Oz (Dibujado por la misma persona) y el nombre de Pinocho escrito en “madera” (escrito a mano por mí en papel de color, se perdió y tuve que pegar otro de reemplazo).
 El trabajo final recibió elogios de muchas personas y a pesar de la simplicidad, la grandeza del proyecto se veía expuesta. Yo estaba conforme, había trabajado en colaboración con otras personas y había emprendido el reto de modificar un panel que no había sido mi proyecto pero que había visto en acción y se merecía mayor dedicación en su panel, actividad que en el fondo me ayuda a desarrollar nuevas habilidades también. Aunque suene increíble hay que ser paciente y minucioso con el trabajo para que quede espectacular y podría decir que el mío quedo presentable, de igual manera desarrolle esas nuevas habilidades.
Luego, sonó el timbre de break. Glenn, Carlos y Carlos seguían trabajando en el panel del Colegio Lincoln. Por supuesto, ellos tenían más arte y lograron recrear la pared que pintaron los alumnos del Lincoln en hojas bond (pegadas en el panel). Yo reía con sus comentarios y las mini disputas que tenían de vez en cuando.
Luego de eso no hubo mucho más trabajo. Terminó el break y aquel día sobraron tantas trufas pero no pude comer ninguna, fue una tragedia monumental. Volvimos de ronda a los salones y continuamos con nuestro patrullaje. Me reuní con los que estaban presentes en el segundo piso, tampoco tenían mucho trabajo a excepción de Camila. Decidimos ir a la Biblioteca por unos minutos. Conversamos con Carolina, revisamos algunos libros, todo estaba perfecto y nos fuimos.
El segundo break no fue más fructuoso que el primero en lo que a comida se refiere, pero era hora de que todos fuéramos pensando menos en la comida.
Nadie podría decir que no mostramos compromiso personal y perseverancia en las actividades, después de todo no era fácil estar al tanto de las necesidades de cada salón y ayudar como pudiésemos a los demás del grupo que lo necesitaban.
Transcurrió el almuerzo. Escabeche. Los jueces de comida habían vuelto, ni siquiera en Hell Kitchen (programa de televisión) eran tan duros.
Terminamos de comer y cansinamente nos dirigimos a los salones. Los paneles se veían bien, habíamos trabajado toda la mañana y había dado resultados. Lástima que no pudimos  promocionarlos, luego ya se nos ocurriría cómo hacerlo.
Tuvimos un poco más de tiempo para revisar si los salones estaban en orden y lo estaban, felizmente.
Acabo el día un poco más organizado que el día anterior y creo que nos sentimos satisfechos con aquel día. Fuimos a la Biblioteca para el feedback.
Se dijo mucho y se mencionaron ideas para llamar la atención de los participantes y dirigirla hacia los paneles CAS.
¡Post-it! Se vía como un mensaje personal y una idea factible…excepto por la parte en la que se debía escribir casi 300 de esos. Nadie querría hacerlo pero igual la idea estaba planteada y aceptada por la mayoría. Se nos felicitó y todos parecían contentos con su trabajo de aquel día. Casi no se mencionó la facción indiferente, pues yo creo que habíamos demostrado que no existía  y que todos estábamos trabajando en conjunto en tema de importancia global. Sí suena muy idealista creer que todos estábamos comprometidos al 100% pero pienso que al menos ninguno se mostraba desinteresado.
Había sido un buen segundo día.
Valeria Mariño Ordaya.

Lima, Feb. 2015
[Trabajando antes del almuerzo en el panel del Colegio San Agustin de Chiclayo]

[ Durante el feedback, momento de loquerío CAS]

[ Al lado derecho estaba el panel en el que trabajé, pero no pude tomarle foto porque mi celular estaba malogrado y creía que alguien más le tomaría]







miércoles, 25 de febrero de 2015

BITÁCORA 3: PRIMER DIA DE TALLERES CAS FEBRERO 2015

BITÁCORA 3: 1 DÍA DE TALLERES
Llegamos… ¿emocionados o nerviosos? No podría decirlo con precisión pero llegamos temprano y con sueño. Claro que el sueño se nos quitó luego de los 10 primeros minutos. Llovían indicaciones y órdenes, todos teníamos algo que hacer. Nos cercioramos de que cada salón tuviese su propia caja de materiales y la búsqueda de los controles empezó.
 Enviamos una delegación a dirigir a los invitados desde la puerta principal pero ya había un hombre de seguridad robándonos el trabajo.
Aparecieron los talleristas. Cada uno prácticamente voló hasta su salón para recibirlos.
 Kat Rimarz y Armando Andrade, ambos dictarían Concept-based Learning; es decir, el curso que se me fue asignado. Kat se había perdido, por suerte una de sus amigas le dijo que tenía que venir a mi salón (se lo hubiera dicho yo misma pero no sabía cuál de todas las profesoras  que se aglomeraron era mi Tallerista) una vez que la ubiqué, caminé dos salones hasta ella y la acompañé al salón. Empezó a sacar todos los papelógrafos y hojas impresas que tenía previamente preparadas. Le señalé que tenía toda mi ayuda y que  si podía ayudarla en algo más, no me entendió o que le dije y terminó contándome que enseñaba en el Colegio Newton. Yo sonreía, no me burlaba en absoluto, es que Miss Kat era muy elocuente. Comprendí que una de mis cualidades también podía ser la empatía y en mi mente conté eso como una experiencia CAS.
Le pregunté si prefería que le hablara en inglés (sí, también buscaba practicar) pero me respondió que no tenía mucho tiempo para aprender español en su colegio pues solo se le permitía hablar en inglés y por ello prefería que le hablará en español. Me recordó el caso de mi propio colegio y los pasantes extranjeros, Kat se veía feliz pero entendí que se sentía limitada por tener que hablar todo el tiempo en inglés y no entender el idioma nacional del todo. Me dio instrucciones para nada complicadas y las cumplí, tenía que repartir los manuales y los post-it… dije que no sonaban complicadas pero tardé una eternidad en abrir las bolsitas de los post-it ¡Bravo! Ni siquiera empezaban los talleres y ya me estaba poniendo torpe. Menos cien puntos para Valeria.
Armando Andrade era un caso diferente, completamente desenvuelto en ambos idiomas, decía no tener un inglés del todo bueno pero yo no coincidía en esa opinión. Era educado y tranquilo pero bastante asertivo. Mi primer “desafío” surgió gracias a su laptop. No es que por ser joven debo saber absolutamente todo sobre tecnología como supondrán algunos y yo que precisamente tengo ciertas disputas con la tecnología tenía que lograr proyectar un ppt desde una Apple. No supe cómo hacerlo a pesar de ya haber prendido el proyector, tuve que requerir la ayuda de Carlos, Sebastián y Fahed ¿Trabajamos en comunidad?  Sí, pero ello no quiere decir que resolvimos el problema. Ninguno sabía mucho más que yo y para cuando llegó el joven de sistemas que fueron a llamar, el profesor Armando ya había proyectado todo. Menos doscientos puntos.
Fuimos todos al auditorio, me dieron mi cartel y me sentía como una profesora con sus alumnos.  Pasé al frente con la sensación de que algo iba a ir mal. No me equivoqué.
Salí del auditorio y me giré vi una fila de profesores que me seguían, una de ellas se escapaba e iba por delante de mí todos querían seguir avanzando y eso hice (había que mantener la cortesía y orden después de todo). Además, se estaban enredando los profesores pues ninguno de los estudiantes (nosotros) avanzaba. Para cuando llegué a mi salón e hice entrar a todos me sentía satisfecha. Me adelanté mucho.
Salí nuevamente del salón y un grupo de profesoras agitadas venía hacia mí. Una de ellas se lanzó a acusarme:
-“¡Te desapareciste!”
-“Pero…pero estaba llevando a los demás profesores, miss”
-“Igual te fuiste, debiste haber blablabla”
- “Lo siento, Miss”
Y se retiró aquella exasperante profesora, era grande y se paró de tal forma que me sentí cohibida. Eso era raro y creía que ya había fallado en el primer día pero después de que pasaron unos profesores más alguien me uso la mano en el hombro. Era una miss de cabello rojo y corto, vestido piel y facciones amables. Me sonrió y me dijo que no me preocupara… unas tres veces más o menos, me sonrió de nuevo como lo habría hecho una profesora que me conoce por años y continuó caminando.
Descubrí dos nuevos tipos de personas que existen en el mundo en menos de tres horas de trabajo CAS.
Decidí que un error lo comete cualquiera y que iba a esforzarme más ese día para reponerlo. ¿Qué si mostré compromiso y perseverancia después de ello? De todos modos. Por algo estaba en CAS, ¿verdad? Estaba dispuesta a quedarme sentada ahí dentro todo el día a la espera de que me necesitasen, pero Guillermo me sacó antes de ello. Me dijo que no sabíamos si estaban acostumbrados a tener personas extrañas dentro de la clase y que mejor esperara afuera. Me resigné y me senté cual niña de 5 años refunfuñando en la parte de afuera del salón. Se me pasó rápido y me distraje viendo los paneles, pensé que faltaban varios por terminar y me reí porque sabía que nos iban a encomendar mil cosas a todos en el chat de ese día.
Hubo un momento en el que todos nos sentimos bien, nos retiramos a la coordinación y comimos galletas con Aquarius, discutí con varios porque no sabía si alcanzarían las galletas y mejor repartir inicialmente una para cada uno. Al final nos sobraron pero mejor prevenir que lamentar.
Cada vez que terminaba un break de los profesores, todos acudíamos como mendigos al salón de Ciudad de Dios. No sé cuantos del grupo se atrevan a mencionarlo en sus bitácora pero de igual forma alguien tiene que hacerlo así que…sí, teníamos hambre y nos comíamos la comida que sobraba, somos adolescentes. Recuerdo claramente que los mozos nos miraban comprensivamente y algunos hasta nos servían el jugo o café aunque no se les pagase por ello.
Después de ello no tuvimos mucho más trabajo. Llegó el almuerzo, unos amigos más y yo nos encontrábamos de “turno” (rondábamos los salones en caso de emergencia) y nos avisaron algo tarde pero llegamos a tiempo y conseguimos sitio. Parecíamos una gran familia con Guillermo en la cabecera y los demás esperando nuestra comida. Recuerdo que nadie quería comer el locro (“¿tiene habas? IUGH ¿tiene esto otro? IUGH ¿tiene zapallo? IUGH”. Ahora todos éramos críticos de comida). Es cierto, es mi plato menos preferido pero ¿Qué clase de majadería era esa de no comerlo? ¿Es que acaso en nuestras casas nos lo habrían permitido? Las personas que lo cocinaron merecían que se apreciase su comida y con el dolor de mi corazón y el pesar de mi estómago me comí todo el locro y obviamente la milanesa que estaba encima.
Las últimas horas del primer día fueron bastante apacibles, en mi salón no me necesitaron en absoluto. Decidí ir a la biblioteca por si Carolina necesitaba ayuda, al fin y al cabo a nadie le gusta estar solo todo el día. Estuvimos ayudando con ciertos problemas del wi-fi que había y llamando a los de sistemas, sin darnos cuenta se había acabado el día de trabajo.
Estuvimos a punto de irnos pues pasaron muchos minutos y nadie llegaba para el feedback.
Aparecieron todos, entendí que aquel día todos habíamos participado de una actividad de importancia global. No me gustó en absoluto lo que se mencionó en el feedback ¿Indiferencia? Yo vi a todos trabajando aquel día. Precisamente mencionaban las facciones aquellos que menos respetaban al grupo, aquellos que nos citaban a una hora y llegaban 30 minutos tarde, aquellos que se la pasaban de coordinadores pero nunca los veíamos separados de Guillermo. Quise decir todo pero con 5 minutos levantando la mano sin que nadie me prestara atención había tenido suficiente, estaba enojadísima.
 Siempre oía los mismos comentarios de las mismas personas durante todo el año, casi siempre eran críticas no constructivas.
 Es verdad, yo puedo ser bastante crítica pero no trato de hundir a nadie, si alguien se equivoca o me parece que no está del todo comprometido se lo digo aparte no busco que todos noten que es de una facción indiferente, eso no es liderazgo desde mi perspectiva. ¡En fin! Ese día escuché todas las opiniones quejosas de personas más quejosas que yo. “¡Nadie tomaba fotos!” Entonces debimos haber cambiado de encargado no gritarlo a los cuatro vientos. “Hay un grupo de indiferentes” ¿Es que en verdad hubo alguien que no trabajó tanto como los demás y minimizo el proyecto? No lo creo. En todo caso bien podíamos haber buscado mayor compromiso de otra forma. Aquel primer día terminó con muchas correcciones, paneles que empezar y un sentimiento ligeramente pesimista (que se desvanecería el siguiente día).
Valeria Mariño Ordaya, quejumbrosa  y enojada alumna IB.
Colegio San Agustín

Lima, Feb. 2015
[Lista asignada para no olvidar los salones]

[ Se ayudo al grupo que se encontraba trabajando en la biblioteca]

[Su respectiva merienda en el trabajo :) ]


martes, 24 de febrero de 2015

BITÁCORA 2: TALLERES CAS DE FEBRERO- 3 DÍA DE PLANIFICACIÓN

BITÁCORA 2: 3 DÍA DE PLANIFICACIÓN

“Se usarán los paneles azules para exponer los proyectos CAS”
No era precisamente la mejor noticia del mundo pero resultaba, a mi parecer, más sencillo que colocar la decoración en las columnas (aunque claro que quizás los participantes lo habrían notado más en ellas).  ¡En fin! Teníamos apenas horas para terminar todos los paneles y ¿qué hicimos? Repartirnos el trabajo.

En primer lugar, el profesor Pool nos encargó que repartamos en las cajas los diversos materiales que se necesitarían en los talleres. Menudo lío, faltaban muchísimos materiales y los profesores encargados se habían ido a comer ¡Qué felicidad! Hicimos el recuento de lo que nos faltaba y entregamos la hoja con una pésima caligrafía (la mía, por supuesto) ¿Qué más podíamos hacer? ¿Ir a Tay Loy a comprar todo? Sí, suena ilógico pero fue una de las propuestas. Pasaron algunos minutos en los que decidimos que durante la espera nos dedicaríamos a iniciar con los paneles CAS.

Nos dividimos en grupos (de uno, dos o tres) y cada uno inició con sus paneles, algunos  avanzaron rápidamente de manera individual aunque diría yo que el resultado no reflejaba en verdad el trabajo de casi un año y pienso que no debimos haber permitido que una sola persona se encargase de todo un panel, no era justo ni necesario. En ese momento concluí que era mejor tener al menos 4 paneles bien hechos a 8 paneles realizados “a la volada” (no tuve tiempo de decírselo a las “coordinadoras” pues una se fue temprano y la otra caminaba por todos lados). Creo que todos los que trabajamos ese día pusimos bastante empeño, personalmente me encontraba satisfecha con mi panel y, con toda la vanidad reprimida que tenía, pensaba que era el más bonito hasta ese momento.

 No en vano trabajamos dos personas y media (porque dejamos que el artista de mi grupo ayudara  a varios grupos) en ese panel, creo que si bien el Proyecto en la Casita de la Paz no fue el más duradero al menos se le pudo hacer honor al trabajo de 4°D en aquel rectángulo antes azul. Sí, trabajé en colaboración con otras personas sin descontrolarme por mantener todo a la perfección pues en los defectos que pudo tener mi panel yo solo encontraba puntos fuertes, ese día comprendí un poco más la frustración de ese salón cuando perdieron su proyecto y que la gran mayoría realmente hubiera estado más que feliz de seguir trabajando en él.

Me dijeron en algún momento que debimos haber hecho al menos dos paneles ese día, pero el panel que hice fue el desafío que emprendí y me ayudo a desarrollar ciertas habilidades que a lo largo del año escolar no pude trabajar propiamente. Además, mi panel no necesitó ningún retoque los días siguientes y aunque se cerró una de las cortinas, se reparó rápidamente.

Estaba empeñada en que mi trabajo valiera la pena, mi compromiso personal era grande así no estuviera reclamando aplausos o exponiéndolo o tildando a los demás de indiferentes. Había trabajado casi dos horas en el panel (mi trabajo de aquel día) y quedé satisfecha cuando acabe.

Cuando íbamos por la mitad de los paneles, llegaron ciertos materiales requeridos previamente. Fuimos sólo unas cuantas personas para ordenarlos en las cajas de plástico y notamos que aún faltaban más. Reclamamos. Nos hicieron caso a medias pero sabíamos que tendríamos los materiales pues todos estaban muy involucrados en los Talleres, no era algo que pasase todos los años.  A medida que íbamos trabajando el equipo iba uniéndose, al menos las personas que se encontraban trabajando en los paneles más cercanos (frente a la biblioteca) gastaban bromas y cantaban a la vez que trabajaban.

Ese día los halagos que recibí al igual que los de mi panel fueron los más sinceros que escuché. “Está paja”, “Qué bonito”, “Aunque se adueñaran de todas las telas rojas, valió la pena”.

Ese día si adquirí una mayor conciencia de mis fortalezas fue gracias a los demás, no supe cómo agradecerles. Me ayudaron a cumplir una experiencia de aprendizaje CAS  y sentirme satisfecha con mi trabajo.

Disfruto, aunque no parezca, trabajando con mi grupo de amigos y daba la casualidad de que ellos habían decidido inscribirse en ese agotador proyecto también. Todos al fin y al cabo estábamos trabajando aquel día y los anteriores así como los que vendrían en un proyecto de importancia global ¿Qué no es IB un programa internacional con profesores del mundo que venían a capacitarse en nuestro colegio? Sí, sonaba a un gran trabajo que conllevaba a una gran responsabilidad. Esa última frase sonó tan a película que la omitiría si no fuese verdad pero CAS es así una mezcla entre lo cotidiano y lo extraordinario, vivir aquella experiencia del tercer día me hizo reflexionar acerca del verdadero sentido de esos Talleres. ¿Era una capacitación para los profesores? Sí, pero… ¿Por qué no podía ser un taller para mí también? Ese día me fui a mi casa con dos pensamientos:

1. Mi mamá me iba a gritar porque era tarde (no pasó)
2. Tenía que lograr que esa experiencia CAS valiera el sacrificio (debo decir que mi intento lo valió)

Valeria Mariño Ordaya.
Lima, Feb. 2015.

 
[Se nos dio el orden de los salones y cada uno ubicó el salón al que iría]

[Panel de Casita de la Paz terminado]

[Indicaciones recibidas el tercer día de planificación antes de llegar a trabajar]

lunes, 23 de febrero de 2015

BITÁCORA 1: TALLERES CAS DE FEBRERO- 2 PRIMEROS DÍAS DE PLANIFICACIÓN

Bitácora 1: 2 primeros días de planificación

¿Emoción? Supondré que sí, pero esa fue sólo la primera etapa del proyecto CAS de febrero.
Sí, la mayoría de los que asistimos (que no necesariamente fueron todos los que se inscribieron) llegamos temprano el primer día y con sentimientos mezclados. Algunos con sueño y hambre, algunos con buenas ideas pero todos con el objetivo de cumplir sus horas CAS. Sería hipócrita decir que los que no tuvimos actividades en enero no pensamos que lo compensaríamos con los talleres. Claro que cierto reducido grupo ya había cumplido sus horas y vivido sus experiencias; pero, de igual manera estaban allí, puede que porque les importase o porque querían mantener un rutina de trabajo continuo.
Yo llegué el primer día sin comer, con una lonchera que preparé en mi casa y con mis materiales de trabajo. No pasó mucho hasta que nos trasladaron a otro salón y la charla empezó. Ambos profesores encargados parecían seguros de nuestra capacidad para manejar los talleres, sabían que era una gran responsabilidad y que no podíamos fallar como colegio; mientras que, nosotros…no sabíamos que nos esperaba.
Cuando nos dejaron solos todo se volvió un loquerío. “¡Cierren la puerta!”, “¡Escuchen, chicos!”, “¡Tengo una idea!”, “¡Escuchen, chicos!”, “¿Tienes alguna mejor propuesta?”, “¡Escuchen, chicos!”, se dijeron muchas cosas y probablemente sólo presté atención a la mitad. ¿Qué ganábamos dando ideas irrealizables dentro de un salón? Sí, yo me comportaba práctica y algo escéptica con respecto a los planes que se proponían. ¿Eso ayudaba en algo? No. ¡Perfecto! Mi actitud tampoco era útil. Sin embargo, me dedique igual a analizar las ideas en mi mente.
Antes de darme cuenta estábamos sentados en círculo en el Hall Principal dando ideas extrañas para decorar el colegio. Que lo volvamos un convento, que pongamos fotos tipo quinceañero para que los profes firmen, que sea con decoración griega, pongamos una alfombra roja y consigamos niños que hagan de paparazis, que sea una prisión, que sea un safari, recreemos Llanavilla, peguemos todo en las columnas, etc. etc. etc. Ideas, propuestas, críticas, hablamos mucho aquel primer día y no quedamos en nada más que en reunirnos en dos días a la misma hora para empezar a decorar los pabellones y la entrada ¿Qué si consideré eso un desafío? Sí, por supuesto y decidí emprenderlo para desarrollar alguna habilidad, no sabía aún cuál pero sabría que la adquiriría. La consigna de traer imágenes estaba dicha, no esperaba que muchos fueran a cumplirla.
Finalmente, luego de tanta algarabía y emoción del primer día, pude iniciar mi almuerzo y pensar más en qué papel iba a jugar yo y a qué facción me adheriría.
El segundo día no fue mucho mejor, se nos dio nuevas indicaciones. Intentamos adaptarnos a ellas.
Terminamos igual de temprano que la anterior vez y yo era feliz porque podía comer sacar mi lonchera con toda felicidad y comer la papa rellena que me había mandado mi mamá. Pero fue de seguro ese segundo día, donde sentí que empezaba a trabajar en colaboración con otras personas, dejaba de darle mil vueltas a sus ideas en mi mente y expresarles las mías así las rechazaran también. En lo particular no me gusta verme en lo que considero ridículo y  en grupos de trabajo digo meramente ideas viables (según yo) pero ¿De qué me servía quedarme callada en este nuevo grupo? De nada. Empecé a hablar, no es que despotricará todo pero intentaba.
 ¿Adquirí conocimiento de mis propias cualidades y áreas de crecimiento? A pesar de la formal redacción de esta experiencia CAS, diría que sí y términos más entendibles podría pensar que aquel día fue uno de esos en los que me sentí más cómoda siendo yo, me hacía recordar días en Llanavilla ¿Podía estar todo entrelazado? ¿CAS me hacía ser como el grupo necesitaba que fuese o me motivaba intrínsecamente a ser como yo quisiera y aún así apoyar al grupo? Me di cuenta y tuve que admitir que por más cursi, tonto y criticable que me pareciera este pensamiento: CAS no sólo estaba hecho para crecer tú mismo como persona (una de las finalidades del IB) o sólo para brindar servicio a los demás, ese curso, esas horas que todos querían cumplir, esa relajación del estrés de los demás cursos, era la motivación para continuar con el programa. No esperaba menos del programa, siempre supe que CAS no podía ser sólo ayudarte a ti mismo y al mundo, si el curso busca que trasciendas es porque también transciende en nosotros… ¿Verdad?
Han pasado unas horas de descanso antes de volver a escribir, tenía que pensar. Todo lo que paso a mis bitácoras lo tengo primero redactado a mano pero algunas pocas veces la inspiración llega a mí cuando menos la espero. Creo que siguiendo las experiencias de aprendizaje CAS también propuse y planifique actividades después de todo. Olvidaba la reunión en la biblioteca del segundo día, decidimos quien apoyaría cada curso, claro no me dijeron que el curso que yo elegí había sido el eliminado, tuvieron que cambiarme a otro curso ...fue bastante cómico ver que tenía 0 participantes y que aún así me habían puesto allí, al menos solucionamos el problema a tiempo.
Fueron dos días agitados de planificación, ahora que escribo esto en la máquina con más calma, ahora que ya acabaron los talleres y ahora que empiezo a extrañarlos, podría decir muchas palabras extravagantes, inteligentes y…vacías a la vez, pero como la niña razonablemente criticona que me vuelvo al escribir bitácoras o ser parte de una actividad CAS puedo mencionar que esos dos días… empezamos con pie izquierdo (digan lo que digan los demás). No, no dejo ser yo incluso en los momentos más emotivos.
¿Qué por qué fui tan crítica en ésta bitácora? ¿Qué por qué no puedo ser tan emotiva y alegre para redactar como algunos otros? ¿Qué por qué no escribo con la formalidad que me exigiría CAS? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Porque era necesario que en la primera de todas analizase (en mi típica manera de pensar en las cosas) todos los aspectos que viví aquellos primeros días para entender que si entré con el objetivo de cumplir horas CAS terminé la jornada con la satisfacción de saber que trabajaría en un tema de importancia global como lo es la capacitación de los profesores de IB. Esos días de planificación, que no fueron ni de asomo perfectos, multiplicaron los vistazos que atisbo de la visión que CAS intenta transmitir.

 Sí, también puedo ser emotiva…algunas veces.
[ La primera vez se equivocaron y me mandaron a un taller eliminado ¡genial!]
 
[Así habíamos planificado el primer día que decoraríamos las columnas, claro que luego tuvimos que adaptarnos a los paneles]


[Mis notas del primer día. Estuve atenta, obvio]

[Empezábamos a repartirnos el trabajo, ardua tarea pero no inalcanzable]

[Cuando al fin tuvimos el horario fue un alivio para varios pues no sabíamos exactamente a que hora serían los recreos, clases y demás]