BITÁCORA 5: 3
DÍA DE TALLERES CAS
Últimas horas.
Sentía como si
el tiempo hubiera pasado demasiado rápido y como si yo no hubiera estado
presente, no del todo al menos. Suelo tener ese sentimiento cuando acaba un año
escolar o las vacaciones o un viaje o incluso un buen día, es extraño. Esta vez
tenía la sensación de haber trabajado pero sin haberme dado cuenta de cuánto o
cómo o qué había hecho. Ello no quería decir que hubiera sido indiferente
durante todo el proyecto o que no hubiera trabajado lo suficiente sino que…había
sido una experiencia del todo nueva que hubiera querido dure más.
Empezamos el día.
¿Los post-it? Nadie los había hecho, se les ocurrió la brillante idea de pegar
papeles de colores en las puertas. No iban a verlos, los profesores entraban
rápido y salían sin ver nada más que la comida pero nadie quería escribir 300
post-it.
Camila Swayne y
yo nos encontrábamos en apuros, queríamos escribir los mensajes pero no
teníamos materiales. Conseguimos dos plumones negros y pedimos a un profesor
los post-it. Analizamos cuales era los salones con menos probabilidad de ver
los paneles, creímos que los del primer piso los verían de todos modos al pasar
por allí (quizá nos equivocamos pero tampoco era que tuviésemos todos los materiales
necesarios) y decidimos que los del segundo piso tendrían menos probabilidades
de ver los paneles, escogimos salones específicos y nos pusimos a escribir. Trabajar
en colaboración con otras personas también podía ser divertido.
En hojas grandes
de papel entregábamos el mensaje a los talleristas, después de todo con ellos
la formalidad debía ser mayor y entregar algo que llamase su atención era vital
pues con los talleres que dictaban podían olvidarse del mensaje escrito. A los
participantes les escribimos en post-it el mensaje. Tuvimos que ser rápidas e
interrumpir el primer minuto de la última clase a la que entramos, suerte que
era el salón de psicología y todos parecían deseosos de saber qué decían los
benditos papeles.
Tuve que mover
las hojas de colores de donde las habían pegado ya que no era un sitio muy llamativo
aunque de igual forma no creía que les fueran a prestar atención. Había mucho
más que hacer pero a falta de post-it nos quedamos en los salones del segundo
piso, yo por mi parte hice una escalerita pegada en la puerta para motivar a
los profesores de mi salón a ver los paneles, quizá funcionó, quizá no… hubiera
deseado que los profesores no tuvieran tanta hambre en los breaks.
No tuvimos mucho
más trabajo nos manteníamos rondando los salones o en la biblioteca y es que el
calor era infernal. Hubo un momento en el que el Profesor Guillermo nos llamó
para pedirnos que interrumpamos las clases para decirles a los talleristas que
a las 12 tenían que ir a las escaleras en frente de la capilla para la foto.
¡Grandioso! Yo no tenía el coraje ni la falta de educación para interrumpirlos
y me quedé sentada esperando el momento oportuno, una actividad grupal o algo
por el estilo, no se daba la ocasión y empezaba a impacientarme. Puede que para
otras personas resulte de lo más fácil interrumpir o hablar directamente pero
por más ridículo que suene para mí lo encargado era un reto.
Es curioso como
para algunos resulta tan fácil algo que para mí es difícil y viceversa, en este
caso no me era sencillo, como debía serlo, expresarme libremente con personas
que apenas conozco (por más locuaz que pueda parecer una vez que entro en
confianza). Así que sí, era un reto para mí y estuve tentada a pedirle a Carlos
o Sebastián que lo hicieran pero decidí emprender el desafío de todas formas,
aunque eso significase quedarme sentada esperando todo el taller.
Menudo reto.
Sin embargo, el
momento llegó finalmente, Armando Andrade se paró en la puerta mientras Miss
Kat hablaba. Llamé su atención y dije lo
que se suponía debía decir y que por favor se lo comunicase a Miss Kat, me
sentía útil y feliz de haber cumplido mi cometido, había vivido experiencias CAS
gracias a ello.
Volví a la
biblioteca, odio el calor y no podía haber sido más horroroso aquel día.
Las 12 p.m.
Era hora de
dirigirnos a los salones y hacerles recordar a los talleristas lo que debían
hacer. Los míos fueron casi inmediatamente, aunque Miss Kat se quedó
conversando un rato más con sus alumnos, parecía una de esas profesoras de la
que no es fácil despedirse. Mientras yo iba hacia la capilla a acompañar veía
las despedidas de los participantes, intercambiaban correos, números telefónicos,
planeaba reuniones…Sí, todo me habrían parecido tan cursi y tonto tres días
atrás pero por alguna mágica e incompresible razón sentía que su razón para
hacerlo no podía ser tan vacía después de todo.
Habíamos
trabajado nuevamente en un tema de importancia global. Lástima que ya estaba
por acabar, los alumnos veíamos como se tomaban la foto los talleristas, todos
sonreían algunos posaban y Armando Andrade hacía sus extravagancias típicas.
Quizá los recordaría un poco más de tiempo del que esperaba.
Por primera vez
vi a Fray Elías sonreír en una foto, sentí
que debía recalcarlo, ese día estaba siendo de lo más memorable.
Alguien tuvo la magnífica
idea de hacernos parar en la escalinata para una foto y alguien más tuvo aún
una mejor idea: llamar a los talleristas quienes con recelo o con extrema
soltura se situaron a nuestro lado, supuse que sería una foto muy…divertida a
su manera. No tuve a mis talleristas cerca pero podía verlos; sonreían, así que
yo sonreí también, es el protocolo de toda foto ¿verdad? Termine aquel día con
el sentimiento haber puesto mucha perseverancia y compromiso personal en ese
proyecto. Sí que estaba siendo un día de lo más memorablemente sentimental pero…
¡Que importaba! Ya era hora de ir dejando de ser tan crítica.
Supuse que recibiríamos elogios, me pareció que el esfuerzo de todos lo merecía, no me equivoque.
Valeria Mariño
Ordaya, alumna IB (parte de los talleres de capacitación de febrero).
Lima, Feb. 2015
Colegio San
Agustín
[FOTO DE LOS TALLERISTAS]
[ NOSOTROS]
[ FELICITACIONES DE UNO DE LOS TALLERISTAS]
[ MÁS MENSAJES DE APOYO A NUESTRO TRABAJO]
[ PRIMERA FELICITACIÓN POR PARTE DEL PROFESOR ALBERTO POOL]





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