BITÁCORA 3: 1 DÍA DE TALLERES
Llegamos… ¿emocionados
o nerviosos? No podría decirlo con precisión pero llegamos temprano y con
sueño. Claro que el sueño se nos quitó luego de los 10 primeros minutos. Llovían
indicaciones y órdenes, todos teníamos algo que hacer. Nos cercioramos de que
cada salón tuviese su propia caja de materiales y la búsqueda de los controles
empezó.
Enviamos una delegación a dirigir a los
invitados desde la puerta principal pero ya había un hombre de seguridad
robándonos el trabajo.
Aparecieron los
talleristas. Cada uno prácticamente voló hasta su salón para recibirlos.
Kat Rimarz y Armando Andrade, ambos dictarían
Concept-based Learning; es decir, el curso que se me fue asignado. Kat se había
perdido, por suerte una de sus amigas le dijo que tenía que venir a mi salón
(se lo hubiera dicho yo misma pero no sabía cuál de todas las profesoras que se aglomeraron era mi Tallerista) una vez
que la ubiqué, caminé dos salones hasta ella y la acompañé al salón. Empezó a
sacar todos los papelógrafos y hojas impresas que tenía previamente preparadas.
Le señalé que tenía toda mi ayuda y que si podía ayudarla en algo más, no me entendió o
que le dije y terminó contándome que enseñaba en el Colegio Newton. Yo sonreía,
no me burlaba en absoluto, es que Miss Kat era muy elocuente. Comprendí que una
de mis cualidades también podía ser la empatía y en mi mente conté eso como una
experiencia CAS.
Le pregunté si
prefería que le hablara en inglés (sí, también buscaba practicar) pero me
respondió que no tenía mucho tiempo para aprender español en su colegio pues
solo se le permitía hablar en inglés y por ello prefería que le hablará en español.
Me recordó el caso de mi propio colegio y los pasantes extranjeros, Kat se veía
feliz pero entendí que se sentía limitada por tener que hablar todo el tiempo
en inglés y no entender el idioma nacional del todo. Me dio instrucciones para
nada complicadas y las cumplí, tenía que repartir los manuales y los post-it…
dije que no sonaban complicadas pero tardé una eternidad en abrir las bolsitas
de los post-it ¡Bravo! Ni siquiera empezaban los talleres y ya me estaba
poniendo torpe. Menos cien puntos para Valeria.
Armando Andrade
era un caso diferente, completamente desenvuelto en ambos idiomas, decía no
tener un inglés del todo bueno pero yo no coincidía en esa opinión. Era educado
y tranquilo pero bastante asertivo. Mi primer “desafío” surgió gracias a su
laptop. No es que por ser joven debo saber absolutamente todo sobre tecnología
como supondrán algunos y yo que precisamente tengo ciertas disputas con la
tecnología tenía que lograr proyectar un ppt desde una Apple. No supe cómo
hacerlo a pesar de ya haber prendido el proyector, tuve que requerir la ayuda
de Carlos, Sebastián y Fahed ¿Trabajamos en comunidad? Sí, pero ello no quiere decir que resolvimos
el problema. Ninguno sabía mucho más que yo y para cuando llegó el joven de
sistemas que fueron a llamar, el profesor Armando ya había proyectado todo. Menos
doscientos puntos.
Fuimos todos al
auditorio, me dieron mi cartel y me sentía como una profesora con sus
alumnos. Pasé al frente con la sensación
de que algo iba a ir mal. No me equivoqué.
Salí del
auditorio y me giré vi una fila de profesores que me seguían, una de ellas se
escapaba e iba por delante de mí todos querían seguir avanzando y eso hice
(había que mantener la cortesía y orden después de todo). Además, se estaban
enredando los profesores pues ninguno de los estudiantes (nosotros) avanzaba.
Para cuando llegué a mi salón e hice entrar a todos me sentía satisfecha. Me
adelanté mucho.
Salí nuevamente
del salón y un grupo de profesoras agitadas venía hacia mí. Una de ellas se
lanzó a acusarme:
-“¡Te desapareciste!”
-“Pero…pero
estaba llevando a los demás profesores, miss”
-“Igual te
fuiste, debiste haber blablabla”
- “Lo siento, Miss”
Y se retiró
aquella exasperante profesora, era grande y se paró de tal forma que me sentí
cohibida. Eso era raro y creía que ya había fallado en el primer día pero
después de que pasaron unos profesores más alguien me uso la mano en el hombro.
Era una miss de cabello rojo y corto, vestido piel y facciones amables. Me
sonrió y me dijo que no me preocupara… unas tres veces más o menos, me sonrió
de nuevo como lo habría hecho una profesora que me conoce por años y continuó
caminando.
Descubrí dos
nuevos tipos de personas que existen en el mundo en menos de tres horas de
trabajo CAS.
Decidí que un
error lo comete cualquiera y que iba a esforzarme más ese día para reponerlo. ¿Qué
si mostré compromiso y perseverancia después de ello? De todos modos. Por algo
estaba en CAS, ¿verdad? Estaba dispuesta a quedarme sentada ahí dentro todo el
día a la espera de que me necesitasen, pero Guillermo me sacó antes de ello. Me
dijo que no sabíamos si estaban acostumbrados a tener personas extrañas dentro
de la clase y que mejor esperara afuera. Me resigné y me senté cual niña de 5
años refunfuñando en la parte de afuera del salón. Se me pasó rápido y me
distraje viendo los paneles, pensé que faltaban varios por terminar y me reí
porque sabía que nos iban a encomendar mil cosas a todos en el chat de ese día.
Hubo un momento
en el que todos nos sentimos bien, nos retiramos a la coordinación y comimos
galletas con Aquarius, discutí con varios porque no sabía si alcanzarían las
galletas y mejor repartir inicialmente una para cada uno. Al final nos sobraron
pero mejor prevenir que lamentar.
Cada vez que
terminaba un break de los profesores, todos acudíamos como mendigos al salón de
Ciudad de Dios. No sé cuantos del grupo se atrevan a mencionarlo en sus
bitácora pero de igual forma alguien tiene que hacerlo así que…sí, teníamos
hambre y nos comíamos la comida que sobraba, somos adolescentes. Recuerdo
claramente que los mozos nos miraban comprensivamente y algunos hasta nos
servían el jugo o café aunque no se les pagase por ello.
Después de ello
no tuvimos mucho más trabajo. Llegó el almuerzo, unos amigos más y yo nos encontrábamos
de “turno” (rondábamos los salones en caso de emergencia) y nos avisaron algo
tarde pero llegamos a tiempo y conseguimos sitio. Parecíamos una gran familia
con Guillermo en la cabecera y los demás esperando nuestra comida. Recuerdo que
nadie quería comer el locro (“¿tiene habas? IUGH ¿tiene esto otro? IUGH ¿tiene
zapallo? IUGH”. Ahora todos éramos críticos de comida). Es cierto, es mi plato
menos preferido pero ¿Qué clase de majadería era esa de no comerlo? ¿Es que
acaso en nuestras casas nos lo habrían permitido? Las personas que lo cocinaron
merecían que se apreciase su comida y con el dolor de mi corazón y el pesar de
mi estómago me comí todo el locro y obviamente la milanesa que estaba encima.
Las últimas
horas del primer día fueron bastante apacibles, en mi salón no me necesitaron
en absoluto. Decidí ir a la biblioteca por si Carolina necesitaba ayuda, al fin
y al cabo a nadie le gusta estar solo todo el día. Estuvimos ayudando con
ciertos problemas del wi-fi que había y llamando a los de sistemas, sin darnos
cuenta se había acabado el día de trabajo.
Estuvimos a
punto de irnos pues pasaron muchos minutos y nadie llegaba para el feedback.
Aparecieron
todos, entendí que aquel día todos habíamos participado de una actividad de
importancia global. No me gustó en absoluto lo que se mencionó en el feedback
¿Indiferencia? Yo vi a todos trabajando aquel día. Precisamente mencionaban las
facciones aquellos que menos respetaban al grupo, aquellos que nos citaban a
una hora y llegaban 30 minutos tarde, aquellos que se la pasaban de
coordinadores pero nunca los veíamos separados de Guillermo. Quise decir todo
pero con 5 minutos levantando la mano sin que nadie me prestara atención había
tenido suficiente, estaba enojadísima.
Siempre oía los mismos comentarios de las
mismas personas durante todo el año, casi siempre eran críticas no
constructivas.
Es verdad, yo puedo ser bastante crítica pero
no trato de hundir a nadie, si alguien se equivoca o me parece que no está del
todo comprometido se lo digo aparte no busco que todos noten que es de una
facción indiferente, eso no es liderazgo desde mi perspectiva. ¡En fin! Ese día
escuché todas las opiniones quejosas de personas más quejosas que yo. “¡Nadie
tomaba fotos!” Entonces debimos haber cambiado de encargado no gritarlo a los
cuatro vientos. “Hay un grupo de indiferentes” ¿Es que en verdad hubo alguien
que no trabajó tanto como los demás y minimizo el proyecto? No lo creo. En todo
caso bien podíamos haber buscado mayor compromiso de otra forma. Aquel primer
día terminó con muchas correcciones, paneles que empezar y un sentimiento
ligeramente pesimista (que se desvanecería el siguiente día).
Valeria Mariño
Ordaya, quejumbrosa y enojada alumna IB.
Colegio San Agustín
Lima, Feb. 2015
[Lista asignada para no olvidar los salones]
[ Se ayudo al grupo que se encontraba trabajando en la biblioteca]
[Su respectiva merienda en el trabajo :) ]



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